Si no vi mil veces la película "Cazafantasmas" cuando era una niña, no la vi ninguna. Me parecía la mejor película que jamás se había rodado, lo cual habla muy mal de mi cinefilia infantil. Por eso traigo con especial cariño el videoclip de la canción que, lejos de ser un accesorio, se codeó de tú a tú con el propio filme. Añádanle a eso que el video incluye multitud de cameos de los que tanto nos gustan en esta casa.
Los productores y el director de la película sabían que tenían un pelotazo entre las manos, pero echaban de menos una canción pegadiza que redondeara el pack. Y encima Ivan Reitman, el director, estaba empeñado en que en el estribillo de la canción se dijese la palabra "ghostbusters", lo cual representó un reto para los letristas.
Cuando se dirigieron a Ray Parker Jr. para pedirle que la cantara, el productor Clive Davis (un tótem en la época) no se entusiasmó, porque Parker había cimentado su carrera en las baladas melosas y esto era una salida del tiesto bastante inapropiada. Finalmente convencieron a Davis y Parker transformó lo que iban a ser veinte segundos de canción para ambientar la escena de la biblioteca en el temazo que conocemos hoy.
El video lo acabó dirigiendo el propio Reitman porque no encontraba a nadie de quien se pudiera fiar. En 1984, los videoclips promocionales de películas eran aún una novedad, y Reitman quería tenerlo todo bien atado y con coherencia.
La escena se inicia con una chica 100% ochentera entrando de noche en una casa siniestra (que a mí me hizo pensar en la casa del final de "Thriller").
Nunca el cartón piedra fue tan siniestro
La actriz elegida para el videoclip fue Cindy Harrell, siendo éste uno de los hitos más destacados de su carrera.
100% años 80
El interior de la casa es oscuro y los muebles están dibujados con luz; el efecto se consiguió casi de forma improvisada, con una vieja técnica a base de pintar cristales. En la casa habitan dos presencias, la de Ray Parker Jr. y la de unos niños que salen de cualquier parte para gritar el consabido "ghostbusters!". El videoclip se sucede con imágenes de la joven extrañada por los fenómenos que ocurren en la casa (muebles que se mueven solos, por ejemplo) y escenas de la película sobre las que se superpone a Parker con un croma tan lamentable como encantador.
Y ahí empiezan los cameos. La mayoría de ellos fueron favores de amigos o el fruto de la caradura de Reitman y los productores, que se plantaron, por ejemplo, en el set en que John Candy rodaba una película para grabar su cameo.
Veamos algunos:
Aquí Chevy Chase, que luego repite
Irene Cara, que lo estaba petando con Fame
A pesar de que la casa parece embrujada y obviamente poco confortable, la muchacha se queda a dormir con un sexy pijama, sin saber, claro, que Ray Parker Jr. está debajo de su cama.
Cú-cú, ghostbusters!!
Los cameos al cantante le venían genial porque reducían su exposición en el videoclip, de forma que a) trabajaba menos y b) Clive Davis se quedaba más tranquilo. En algunas escenas la cara de indolencia de Ray Parker Jr, es realmente épica, en plan "esto me lo tomo tranquilote".
John Candy
La muchachica, como es preceptivo dada la época, corre en su sexy pijama por la casa hasta que se topa de frente con la aparición de Parker, que viene a tranquilizarla, por supuesto.
Melissa Gilbert, que igual no te acuerdas pero fue Laura Ingalls en aquella azucarada serie "La casa de la pradera" (donde no había pecadores)
Ollie Brown, músico del que Rayco les puede dar sobradas referencias por su participación en "Breakin'" y "Breakin'2: Electric Boogaloo"
Ray Parker Jr se movió lo justito haciendo el videoclip, en esta escena (3:21) le vemos dándolo todo:
Estamos llegando al final del videoclip, en el que el cantante y los cuatro protagonistas de la película (Ramis, Murray, Aykroyd y Hudson) bailan en las calles de Broadway, en pleno Nueva York. Esa parte no estaba preparada; coincidió con una de las acciones promocionales de la película con la prensa, y Reitman decidió, sobre la marcha, cortar la calle y grabar lo más rápido posible porque no contaban con ningún tipo de permiso. Todo esto un viernes a la 1 del mediodía, cuando no podía haber más gente por la calle. Bill Murray, que es como es y por eso lo amamos, también quiso poner lo suyo con unos pasos de break-dance que tomaron a todos por sorpresa (3:52).
Y más cameos:
Jeffrey Tambor, actor que ahora está en boga por su trabajo en Transparent, y que para mí siempre será el hilarante patriarca de la familia Bluth en Arrested Development
George Wendt, el memorable Norm de la serie Cheers
El cómico Al Franken, guionista por ejemplo de Saturday Night Live
Danny DeVito, de todos conocido
Carly Simon, cantante
Peter Falk, el eterno detective Colombo
Teri Garr, actriz y bailarina, secundaria en muchas películas, comoTootsie, por la que estuvo nominada al Oscar
Esta canción y este video abrieron a Parker Jr. las puertas del mainstream y de la MTV, donde hasta entonces nunca se habían escuchado sus canciones. "Ghostbusters" por cierto, fue objeto de una demanda por parte de Huey Lewis, que la consideraba un plagio de su "I want a new drug". Al final hubo un acuerdo en el tribunal pero ninguno está autorizado a entrar en detalles. El videoclip estuvo a punto de desaparecer porque, al ser parte de la promoción de la película, ningún actor fue remunerado y por tanto, no podía incluirse en el VHS.
Si nunca has contestado "ghostbusters!!" cuando alguien dice "who you gonna call", siento decirte que estás muerto por dentro. Pero la buena noticia es que aún puedes resucitar. Aquí te dejamos el video para que te sueltes la melena como se hacía en los 80. ¡Disfruta!
Aprovechando el estreno de "Spectre" hemos decidido hacer una selección de las canciones que acompañan las aventuras de Bond, James Bond.
Para tal empresa hemos solicitado refuerzos y a nuestra llamada han acudido Juan García y Alex Medina, compañeros habituales en el podcast "Devoradores 2: Electric Boogaloo" y fundadores del blog "Quéfuede".
Os dejamos con un recorrido por la parte musical de esta longeva saga con algo más de dos horas de programa.
Lista de canciones:
- Matt Monro: "From Russia With Love" (Desde Rusia con amor). - Nancy Sinatra: "You Only Live Twice" (Sólo se vive dos veces). - Paul McCartney: "Live and Let Die" (Vive y deja vivir). - Carly Simon: "Nobody Does It Better" (La espía que me amó). - Sheena Easton: "For Your Eyes Only" (Sólo para sus ojos). - Duran Duran: "A View to a Kill" (Panorama para matar). - Gladys Knight: "License to Kil" (Licencia para matar). - Tina Turner: "Goldeneye". - Chris Cornell: "You Know My Name" (Casino Royale). - Adele: "Skyfall".
En "Devoradores" hemos vuelto a perder efectivos eventualmente (un saludo para David). Momento que aprovechamosAlex, Juan y yo para marcarnos un programa musical con la postrera aparición de Héctor.
Esta vez nos vamos a los ochenta, pero no para comernos un inexistente bocadillo de Nocilla mientras vemos "El equipo A" tras salir del colegio. ¡Qué mala (y equícova) es la nostalgia gilipollesca!.
Viajamos a esa década para volver a disfrutar de esas canciones tan motivantes que ilustraban entrenamientos, torneos de lucha, entrenamientos ninja o incluso ensayos para musicales.
Lista de canciones:
- "Far From Over" de Frank Stallone ("Staying Alive, la fiebre continua"). -"Winner Takes It All" de Sammy Haggar ("Yo, el halcón").
- "Hold On To The Vision" de Kevin Chalfant ("Retroceder nunca, rendirse jamás"). - *"The Glory of Love" de Peter Cetera ("Karate Kid II"). - "Best of The Best" de Stubblefield & Hall ("Campeón de Campeones). - "Fight To Survive" de Stan Bush ("Contacto sangriento"). - "Angel of the City" de Robert Tepper ("Cobra"). - "Raising Heaven -in Hell Tonight-" de Patrick Swayze ("De profesión: duro").
-"The Legend of The Ninja"de artista desconocido ("El ninja en la guarida del dragón).
Os preguntaréis: ¿Y de "Rocky" no hay ninguna?. De las canciones de la saga del potro italiano pensamos hacer otro programa más adelante.
Si queréis poneros en forma o prepararos para el combate de vuestra vida (quién sabe) aquí tenéis el acompañamiento musical ideal. Sólo tenéis que pinchar en el enlace.
* Esta canción se escucha mal en modo "reproducción" por causas ajenas a "Devoradores", en el modo "descargar" se escucha perfectamente.
Como contaba en el post anterior, la Cannon aprovechó el tirón de “Breakin'” y sacó la secuela apenas
medio año después. El invento no coló pero dejó algo eterno. Un título… ¡qué
digo!, EL TÍTULO. La secuela se llamó “Breakin': Electric Boogaloo”. Ese título resume a la perfección la historia de la Cannon y lo
absurdamente geniales que eran.
El vídeo de la secuela nos
permite ver a Ollie & Jerry con sus looks descojonantemente ochentenos: uno
con tupetazo y vestido como un dependiente del Foot Locker, y
el otro como melena trenzada y vestuario a lo Rick James. Los dos se nos
aparecen en formato trail effect sobre unos dibujos tercermundistas.
En los clips de la peli
vuelve a aparecer mi amiga la bailarina de brazos y Turbo baila en el techo
cual Fred Astaire para sorpresa de su novia latina (recomiendo que escuchen su
voz en VO, es el descojone total).
Aquí les dejo el videoclip
y después el desenlace de la historia de la Cannon.
La caída
Habíamos dejado a nuestros
amigos israelíes con el susto de “Fuerza vital” y con su decisión de hacer
superproducciones. Que dada la situación era una idea tan audaz como ir de drag
queen en el Valle de los Caídos un 20-N.
En 1987 la Cannon puso en
marcha cuatro proyectos importantes y que fueron un sonoro fracaso. Al menos
tres de ellos, porque el cuarto ni se llegó a rodar.
¿Quién tuvo la culpa de lo
que iba a pasar?. La culpa la tuvo Stallone. O eso podrían haber dicho
Golan-Globus con tal de escurrir el bulto. La Cannon había co-producido
“Cobra”, un éxito mediano de Sly. A Golan su trozo de tarta le pareció pequeño
y se propuso rodar un éxito con el potro italiano en exclusiva. Y entonces cayó
la primera ficha del dominó.
Stallone no se fiaba nada
de los “Go-go Boys” (apodo que les pusieron en el mundillo a Golan-Globus por
su peligrosa tendencia a dar luz verde a cualquier proyecto mínimamente viable)
y a cambio de firmar con ellos pidió un sueldazo. Golan estaba tan obsesionado
que le dijo que sí a Sly en todo y además dirigió personalmente la película
para que Stallone viera que el estudio estaba implicado a tope.
Así nació “Yo, el halcón”,
que no es otra cosa que un “Rocky” camionero que se dedica a los torneos de pulsos
con historia paterno-filial al fondo. Resultado: hostia terrible.
Con la sangre saliendo a
borbotones por la herida, la Cannon se la jugaba en los dos (en realidad, tres)
grandes proyectos que tenían en marcha. En su sana costumbre de comprar
franquicias moribundas, le compraron a los Salkind los derechos de Superman.
Los Salkind, tras “Superman III” y “Supergirl”, veían que las aventuras
kryptonianas no daban más de sí. Pero Golan-Globus son de los que tienen la
temeraria e insana manía de abrir las puertas a cabezazos.
Contrataron al reparto
original, tampoco les costó mucho dada la famosa vena mercenaria de Gene
Hackman, el desorden mental de Margot Kidder y a Christopher Reeve le
prometieron financiarle la pasable “El reportero de la calle 42”. En cuanto al director, los
dos Richard (Donner y Lester) dijeron: “no puedo, es que he medio quedado”. Y
así cayó en manos de Sidney J. Furie.
De todos modos, había un
pequeño problema sin importancia, faltaba la pasta para rodarla. Así se
explican los lamentables efectos especiales (reconstrucción de Muralla China con
rayos láser en todo lo alto) y que el guión original, que contemplaba la lucha
de Superman con un clon, se transformara en una pelea casi barriobajera contra
un hombre nuclear de rubia melena y porte gayer. Y pudo ser peor. Otro fracaso
y todo pendiente del Príncipe de Eternia.
La tercera bala era una
peli basada en los juguetes de Mattel “Masters del Universo”. Los Masters
tuvieron el mérito de hacerse un hueco en la infancia ochentera pese a ser
concebidos inicialmente como merchandising de “Conan, el bárbaro”. Pero Mattel,
al ver la violencia de la peli de John Millius, se desmarcaron del asunto, lo
suavizaron y convirtieron a Conan en el ambiguo Príncipe Adam/He-Man con su
melenita rubia.
La fiebre de los Masters
ya había pasado pero como el hombre es un animal de costumbres ahí llegó la
Cannon para hacer la película. Tarde y mal, como si fueran la escudería
Marussia.
El reparto tenía su aquel:
Dolph Lundgren parecía un buen He-Man, Frank Langella era (y es) un actor muy
solvente, por el lado femenino estaban Chelsea Field y Meg Foster, además de Christina
Pickles y Courteney Cox unos años antes de ser madre e hija en “Friends”. Y
también teníamos un gran secundario ochentero como James Tolkan. ¿Qué pasó?.
Pues qué la película era
pobre en todos los sentidos. Como no había dinero para reproducir Eternia
recurrieron al viejo truco de traerlos a la Tierra. Tampoco daba para hacer a
Orko, pero como no podían renunciar al alivio cómico se inventaron a un enano
peludo llamado Gwildor para hacer de caricato.
De esta serie de fracasos que
mataron a la Cannon, “Masters del Universo” es la más soportable pero tampoco
recomendable. El fracaso comercial dejaba a la Cannon con un pie en el abismo y
con el otro en el borde, pero de puntillas.
Lo curioso es que la
confianza en la cinta era tal que tras los créditos Skeletor nos anunciaba que volvería
y ya tenían en marcha varios aspectos de la pre-producción de la secuela. Todo
ese material caía en el olvido. De momento.
Pero falta una cuarta
superproducción, la puñalada invisible, el mayor “What…if” de la historia del
cine (olvidaos de Tom Selleck e Indiana Jones). Llegamos al “Spiderman” de
Albert Pyun.
La Cannon compró a Marvel
los derechos de Capitán América y Spiderman. El primer director iba a ser
Joseph Zito (Josecito para los amigos), que quería contar con un stunt, un tal
Scott Leva, como Peter Parker; Bob Hoskins iba a ser el villano (luego pasaría
a ser el Dr. Octopus en otra re-escritura) y Lauren Bacall o Katharine Hepburn sonaban como la tía May (gracias a Dios que no). Como si fuera Míchel, también sonó Tom
Cruise para el papel de Peter Parker.
Pero la idea de Zito era
demencial. Aprovechando el éxito de “La mosca” del Cronenberg, pensó en
trasformar a Peter Parker en una tarántula gigante que lucharía contra un
científico mutante que quería dominar el mundo. Los gritos de Stan Lee ante tal
ocurrencia todavía retumban por toda California.
Para calmar a Lee se habló de Tobe Hooper pero el proyecto acabó en manos de Albert Pyun (que es como pasar del speedball a la escama). El
director hawaiano dotado de su peculiar sentido de la épica, tenía en manos una
idea más estándar, lo que es de agradecer en un hombre obsesionado con las
crucifixiones y los cyborgs que dominan el Kick-boxing.
El proyecto nunca vio la
luz. Todo esto no sería grave si no fuera porque la Cannon ya había vendido la
película a los distribuidores antes de hacerla. Ese dinero lo querían para
tapar los agujeros que había creado su contabilidad creativa (más aun que la de
la planta nuclear de Springfield), esperando que el éxito de las tres pelis
comentadas antes ayudara a financiar “Spiderman”.
El tiempo pasó, los
derechos Marvel caducaron, los distribuidores que pagaron preguntaron “¿y qué
hay de lo mío?” y la Cannon tenía menos liquidez que un club de la Segunda B.
Pero ya sólo les quedaba
soltar lastre con el nombre de “El guerrero americano III”, “Alien from L.A.” o
“Desparecido en combate III”. Con el fracaso y los
acreedores aporreando su puerta, todavía les dio tiempo para lanzar una
película de culto entre los fans del cine chungo y a otra nueva estrella del cine
de acción.
Como las películas de bárbaros
estaban en decadencia, dieron luz verde, como no, a una obra a mayor gloria de
los hermanos Paul que eran dos gemelos con la masa muscular inversamente
proporcional a su cerebro y dotados de unos mullets estratosféricos. Así nació
“Los bárbaros” (a la que toda una generación rebautizamos como “Los hermanos
bárbaros”).
¿Por qué es de culto?.
Para mí lo es por la escena en la que uno de los Paul rompe una cuerda con la
fuerza de su cuello, porque Richard Lynch es el villano y porque me gusta
pensar qué se les pasó por la cabeza a Golan-Globus para contratar como
director a Ruggero Deodato, el de “Holocausto caníbal”. Definitivamente tengo
mucho tiempo libre.
Un buen día un joven belga
dio con Golan y sin mediar palabra levantó su pierna hasta ponerle la suela del
zapato a medio centímetro de la cara (espero que antes no pisara una mierda).
Hay diversas teorías sobre dónde fue tal acontecimiento, unos lo sitúan en la
calle, otros en el despacho de Golan y otros en un restaurante. Da igual porque
esa duda es el material con que se forjan las leyendas. El caso es que Golan
quedó impresionado y así surgió “Contacto sangriento”, el primer papel
protagónico de Jean Claude Van Damme. Como ven, el nivel de exigencia de Golan
es el mismo que el de un ligue a las 4 de la mañana.
La unión Van Damme-Cannon
tuvo continuidad de la mano de Albert Pyun. ¿Se acuerdan del material no
utilizado de “Masters 2”?.
Pues Pyun lo cogió, lo recicló y lo transformó en “Cyborg”, y encima ahora
viene Guti a concienciarnos sobre el reciclaje, hay que joderse.
Sin saberlo Pyun, Van
Damme y cía estaban haciendo historia porque “Cyborg” fue la última película de
la Cannon en la era Golan-Globus. La peli costó 500.000$ y recaudó 10 millones.
Eso era pan para hoy y
hambre para mañana. En ese momento, el distanciamiento entre los primos era tan
grande, o más, que el agujero económico del estudio. Como suele pasar en estos
casos, el uno acusó el otro de la mala gestión y, como suele pasar en estos casos,
ambos eran responsables al 50-50 más o menos. El estudio acabó bajo
investigación estatal ante tanto trapiche.
Globus se quedó con la
Cannon y se buscó unos socios europeos y Golan montó la 21st Century Films.
Todo había acabado.
La propina
Globus decidió relanzar la
Cannon haciendo un film sobre el baile de modo, al estilo “Breakin'”. Sólo que
la moda ahora era peor, llega la lambada. Registró la palabra “Lambada” y tiró
p’alante, nacía “Lambada, fuego en el cuerpo”
Golan, por tocar los
huevos, compró los derechos de la canción porque “la canción representa el
verdadero espíritu de la lambada, más que la propia palabra”, Golan dixit.
Golan, olfato comercial poco pero a tocahuevos no tenía rival. Y así parió “El
baile prohibido”.
Se inició una carrera
absurda para ver quien estrenaba antes. Más absurdo fue el final porque ambas
se estrenaron el mismo día con resultados penosos.
Las dos películas son
evitables si se quiere gozar de buena salud mental. Pero como yo no se qué es
eso, me tragué las dos en su momento y si tengo que recomendar una, forzado
bajo amenaza, ésa es “El baile prohibido”. El guión es un “WTF?” de principio a
fin, y ver a Ricahrd Lynch bailando lambada no tiene precio.
Golan haría un último
servicio a sus seguidores, trataría de resolver la eterna duda del “Spiderman”
de Albert Pyun dándole a éste la oportunidad de dirigir “Capitán América”. El
bodrio nos sirve para hacernos una idea de cómo hubiera sido “El Hombre Araña
según Pyun” pero no nos llena. Se agradece el esfuerzo, Menahem.
Los primos finalmente
harían las paces. Es la mejor forma de acabar la historia de unos tipos que amaban el cine, pero que no tenían talento para producirlo. Pero con acierto o
sin acierto, hicieron cine y a mí, personalmente, me han dado horas de entretenimiento
y risas.
Este va a ser un post
diferente porque voy a hablar de cine. Me tomo esta licencia porque llevaba
tiempo con ganas de contar esta historia, la historia de la Cannon.
Muchas cosas son
inequívocamente ochenteras pero pocas como el breakdance, ese baile que se
extendió con la misma rapidez que un meme pero sin Internet de por medio, lo
que fue meritorio y aterrador a partes iguales. La moda provocó muchos daños
estéticos, psíquicos y físicos, yo conocí a más de uno que estuvo a unos
milímetros (en sentido literal) de acabar en silla de ruedas al intentar hacer
el trompo, y es que en esa época se imitaba todo lo que salía por la tele.
Yo del breakdance me quedo
con la película “Breakin'” que narraba la lucha de Special K, Ozono y Turbo por
hacerse un hueco en el mundo a golpe de break. La peli tiene casi de todo:
coreografías absurdas, un trío de breakers rivales (no os perdáis a su miembro
femenino, que sólo sabe agitar los brazos como Pepe en los córners), Van Damme
como extra, un secundario gay, Ice-T y product placement de una famosa marca
deportiva. Sólo le falta una subtrama romántica, ausencia que agradezco.
Aunque vista hoy la
película da cosa, fue el mayor triunfo de su estudio. Costó poco más de 1
millón de dólares y recaudó 38 millones en EEUU, lo mismo que “Terminator”. Y
acabó en el “top 20”
del año en la taquilla americana. Si este dato es bueno o malo lo dejo a su
criterio.
Lo mejor es que generó una
rápida secuela que posee EL MEJOR TÍTULO DE LA HISTORIA DEL CINE. Y es que los dos primos
israelíes que produjeron “Breakin'” tuvieron olfato comercial, como veréis fue
un oasis en un desierto de despropósitos.
Aquí os dejo con el vídeo
y con la historia de la Cannon.
Prólogo
La Cannon no figurará
nunca en los libros de Historia del Cine, de hecho se le suele poner como
ejemplo de lo peor, es el Mourinho del 7º arte.
Y eso es lo que mola,
porque esta es la historia de dos primos israelíes que un día dejaron su país y
se fueron a Jólibu para emprender su particular sueño americano en forma de
estudio de cine. Llenaron las carteleras y los videoclubes con porquería de
todo tipo (desde las disfrutables hasta las que te pueden matar de vergüenza
ajena), y acabaron debiendo pasta a todo el mundo y con los dos primos
enfrentados y puteándose sus pelis sobre la lambada. En resumen, que esto
también es Historia del Cine, y merece ser contada.
Los inicios
Menahem Golan y Yoram
Globus llevaban produciendo películas en su país desde los 60. La primera vez
que asomaron el hocico por EEUU fue con sus dos nominaciones a los Globos de
Oro con su musical “Kazablan” (1974), una especie de “Romeo y Julieta”
protagonizado por Yehoram Gaon, el Manolo Escobar hebreo, algo talludo para el
papel. Tres años después, Golam sería nominado al Oscar de Mejor Película de
Habla No Inglesa por “Operación Relámpago”, un cinta de acción basada en el
secuestro real de un avión con Yehoram Gaon again, el inquietante Klaus Kinski
y la musa del erotismo al estilo “bésame o te machaco” Sybil Danning. Pero el
pelotazo en taquilla les llegó en 1978 con la primera entrega de la saga “Polo
de limón”, historia de shavalines salidorros y claro antecedente de “Porky’s” y
“American Pie”.
En 1979, Golan-Globus
llegaron a EEUU y haciendo suya la frase “todo es posible en América” (que ha
inspirado desde a los del Mayflower hasta Willy Fog) compraron por 500.000$ una
pequeña distribuidora, Cannon. Y como si de San Pedro se trataran sobre esa
piedra construyeron su templo del cine chungo.
La primera declaración de
intenciones (y de hechos) de la Cannon fue “The Apple” (1980), una metáfora del
Antiguo Testamento envuelto en un musical hortera, futurista y ambigua
sexualmente (por ser amable) y que mezcla baladas moñas, música disco y temas
intensos y trepidantes a lo Jim Steinman. Si habéis pinchado el enlace y
queréis seguir leyendo esto, os admiro y os lo agradezco.
Golan-Globus descubrieron
que lo quería la gente de los 80 era acción, y butacas con reposabrazos, pero
sobre todo acción (confío en que Matt Groening no va a leer esto). Pues se
pusieron a ello y parieron “La justicia del Ninja” y dijeron: “¿quién mejor
para hacer de Ninja que Franco Nero?”. Es una idea que mola de lo absurda que es porque, pensar en un actor de spaghetti-westerns y que venía de protagonizar una
explotation italiana de “Tiburón” para hacer de Ninja, es de esas cosas que hicieron grande a la Cannon.
La saga “Ninja”
fue curiosa porque para la segunda parte el villano de la primera, Sho Kosugi,
pasó a ser el héroe con otro nombre. Y en la tercera Kosugi aparecía la última
media hora para derrotar al espíritu de un ninja malvado que había poseído a
una chica. El film mezcla elementos de “El exorcista” con momentazos como
cuando a la chica casi se la traga su armario, ¿les suena?. Queda claro que en la
Cannon sentían un total desprecio por la continuidad, como en DC cómics, y por las ideas de los demás, así hizo carrera Bruno Mattei.
El siguiente paso de la
Cannon fue unirse al que sería uno de los pilares de la compañía, Charles
Bronson. Coprodujeron la segunda aventura del arquitecto justiciero Paul Kersey
(“Yo soy la justicia”). Los propietarios de los derechos no le veían más futuro
a las aventuras de Kersey, pero en la Cannon sí. Esta manía de comprar derechos
de sagas moribundas sería una conntante en su historia. El futuro de la saga
pasó por darle el “toque Cannon”. Esto no era otra cosa que aumentar el nivel
de facherío y violencia a niveles risibles. A partir de ahora Bronson limpiaría
las calles a bazokazo limpio si hacía falta (“El justiciero de la noche”), porque toda peli de acción mejora con un bazooka. A mí me gustaría usarlo en un concierto de Juan Magán.
En esta primera etapa se
dedicaron a picar de allí y allá, sacando comedietas como “El último americano
virgen”, pelis insulsas de aventuras (“La dama perversa”) y distribuyendo
basuras “top” como “El tesoro de las cuatro coronas”, aventuras italianas a lo
Indiana Jones en 3D y con Ana Obregón (combo motal); “El desafío de Hércules” o
cómo Luigi Cozzi (sí, el de "Star Crash") convirtió al mítico héroe griego en una explotation de “Conan”
para mayor gloria de Lou Ferrigno y Sibyl Danning; y la multiganadora de los
Razzies “Bolero”, con John Derek mostrándonos lo buena que estaba su señora Bo
y acompañada de Ana Obregón.
A estas alturas ya ha
quedado claro que Golam-Globus tenían mal gusto, peor criterio y aun peor
olfato comercial.
El auge
1984 fue el año del
despegue. Y eso que la cosa no empezó bien pues produjeron “El caballero
verde”. En otro alarde de visión comercial, adaptaron esta aburrida historia
artúrica y llenaron el reparto con viejas glorias como Trevor Howard y Peter
Cushing y le sumaron un Sean Connery en horas más bajas que la audiencia de un
programa de Pilar Rubio. Para hacer del prota, Sir Gawain, el director quería
a Mark Hamill y la Cannon, como si fueran los Charlotte Bobcats, ficharon a…
Ator. Sí, Miles O’Keeffe. Eso es llamar al público a la sala y no lo que hacen
los directores españoles, que a la que pueden juntan a Hugo Silva y Mario
Casas.
Después de una rinoplastia
conjunta o algo, Golan-Globus dieron con la tecla lanzando la ya nombrada “Breakin'”.
Pero el gran acontecimiento del "año Cannon" fue la unión con un actor marcial,
de barba cerrada, rostro inexpresivo y con una ideología que convierte a
Intereconomía en un canal de perroflautas.
La Cannon decidió que la
guerra del Vietnam no había acabado y para acabarla mandaron allí a Chuck
Norris. Rodaron dos pelis seguidas y, en un regate que ni el de Romario a
Alkorta, Golan-Globus decidieron estrenar primero la secuela, “Desparecido en
combate”, con Chuck rescatando prisioneros yankis en Vietnam y anticipándose a
Rambo (la creencia popular cree que fue al revés); y luego estrenaron
“Desaparecido en combate 2”
que narraba las experiencias como prisionero de Chuck y su huida.
Como los resultados en
taquilla fueron buenos, la unión Cannon-Chuck siguió dejando joyas como “Delta
Force”, un remake encubierto y pasado de rosca de “Operación Relámpago” y la
peli que más veces ha visto en su vida el que escribe; “Invasión USA” con Chuck
frenando una invasión de terroristas comunistas liderados por el gran Richard
Lynch (qepd); o “El templo del oro”, una de aventuras con Chuck haciendo de
Indy porque matar comunistas, palestinos y vietnamitas también cansa.
En esos años de esplendor,
la Cannon reveló un plan maligno que amenazaba con cambiar el destino la humanidad, ganar
el Festival de Cannes.Tal declaración era tan
consecuente como que en “Mujeres, hombres y viceversa” recomienden leer, o que
Bárcenas sea el próximo presidente del FMI (esto último no lo descarto del
todo).
Espoleados por los
alemanes, que en 1984 le dieron el Oso de Oro a “Corrientes de amor”, la cinta
que la produjeron al Cassavettes, ese mismo año presentaron “Los amantes de
María” de Andrei Konchalovsky a Venecia y obtuvieron buenas críticas.
En ese infructuoso asalto
a la Palma de Oro usaron “El tren del infierno”, la mejor película del estudio
y con la que obtuvieron tres nominaciones al Oscar y un Globo de Oro para Jon
Voight. Detrás de la cámara estaba otra vez Konchalovsky, el ruso aportó a la
Cannon sus dos mejores obras. No está mal viniendo de un tipo que luego
dirigiría “Tango & Cash”.
En Cannes lanzaron “Locos
de Amor” de Robert Altman; “Otello” de Zefirelli, que era una ópera filmada con
Plácido Domingo; y “Vidas distantes” otra vez con Konchalovsky y un resultado
bastante digno.
En medio de esa vorágine
festivalera a nuestros primos favoritos se les acercó uno de los mayores
vividores de la historia del cine, Jean Luc Goddard. Como buen vendemotos que
es, consiguió un contrato para filmar una versión de “El Rey Lear”. Al igual que
con Messi dicho contrato se firmó en una servilleta, pero el resultado fue
totalmente contrario. Goddard se pasó la obra de Shakespeare por la huevada y
contó un rollo futurista post-Chenobyl que no servía ni para presentarla a
Cannes.
No todo fue fracasar, el
momento álgido de la Cannon se produjo en 1986, cuando la cinta holandesa “El
asalto”, que ellos distribuían, se llevó el Oscar a la Mejor Película de Habla
No Inglesa. Fue un triunfo menor e indirecto, pero algo es algo.
Pero volvamos a la esencia
de la Cannon. Era el turno de explotar el filón de Indiana Jones y dieron luz
verde a hacer una nueva adaptación (por decir algo) de “Las minas del Rey
Salomón”. Allan Quatermain volvía con el rostro de Richard Chamberlain y con la
compañía de una Sharon Stone pre-cruce de piernas.
El director fue J. Lee
Thompson, en su día nominado al Oscar por “Los cañones de Navarone” y que, tras
su participación en la saga simiesca, se dedicó en los 80 a pegarse cual garrapata a
Charles Bronson para asegurar su puente a la jubilación. Otros han hecho cosas
peores con el mismo fin, mirad a Mercedes Milá.
En otra muestra de
innovación, la cinta anterior y su secuela, “Allan Quatermain y la ciudad
perdida del oro”, fueron rodadas seguidas pero con dos directores diferentes.
La secuela la hizo Gary Nelson, el hombre que metió a la Disney en el abismo
negro con el ídem.
Y ahí seguían, sacando
cosas como la secuela de “La matanza de Texas” e impulsaron la carrera, corta,
de otro action hero de rastrillo, Michael Dudikoff con “El guerrero americano”, siendo eclipsado
por el carisma de su compañero Steve James (qepd).
En su afán de diversificar,
la Cannon se lanzó a producir películas infantiles. Si luchar por la Palma de
Oro era raro, este giro era un doble mortal hacia atrás y con tirabuzón. Con el
nombre de "Cannon Movie Tales" sacaron “Rumpelstiltskin”, “Blancanieves”, “La
bella y la bestia” y así hasta nueve entregas de la dieciséis previstas, no es
difícil deducir que la aventura infantil fue un fracaso.
En 1986 compraron los
derechos de la novela “Vampiros del Espacio” y la transformaron en “Fuerza
Vital” con Tobe Hopper al mando. Publicitada a bombo y platillo fue un fracaso
considerable a pesar de tener a Mathilda May todo el metraje en bolas. Debieron
tomar nota de ello y relajarse, pero no. Como el ser humano es así, decidieron
embarcarse en superproducciones, primer clavo en el ataúd.
Hasta aquí la primera
entrega. En la entrega final tendremos a Stallone, juguetes extraterrestres, superhéroes
de Marvel, a Stan Lee cabreado, a Van Damme y un señor de Hawai (juntos y por
separado), actividades delictivas y un poco de lambada para alegrar el cuerpo.