viernes, 19 de julio de 2013

Aphex Twin - "Comme To Daddy" (1997)

Después de contaros en dos posts la historia de la productora más divertida de los 80 y de poner en marcha, junto con unos amigos, un nuevo proyecto regreso a este blog con uno de los pilares del mismo: el vídeoclip malrollista.

Y es que malrollismo es lo único que se puede esperar cuando se juntan dos de las mentes más desquiciadas del Reino Unido, Richard "Aphex Twin" James y Chris Cunningham.




Empiezo por el segundo, Cunningham es un vídeo-artista cuyo estilo viene marcado por lo inquietante y lo feísta. En cine trabajó en los efectos especiales de "Razas de noche", "Alien 3", "Alien: Resurrección" y "Juez Dredd". También colaboró con Kubrick en su frustrado proyecto de "Inteligencia artificial".

En el mundo del vídeoclip, sus trabajos más destacados fueron el oscuro "Frozen" de Madonna y el inquietante y robótico "All Is Full of Love" de Björk. Sin embargo su colaboración más larga fue con Aphex Twin. 

Aphex Twin, o lo que es lo mismo Richard James, empezó muy joven como DJ para ir girando hacia la música electrónica, el techno, el drum & bass y algo del technopunk tan en boga a mitad de esa década. En 1997, tras editar sus primeros discos publicó un EP llamado "Come To Daddy" que le unió a Cunningham.


El vídeo comienza en el clásico barrio chungo del RU, con una anciana sacando a pasear a su perro. Éste orina sobre un televisor abandonado y esto desata un serie de consecuencias inimaginables: el perro se vuelve loco y unas niñas vestidas con caretas del propio Richard James empiezan a perseguir a la pobre señora. 




Las niñas siguen haciendo el hooligan y de la tele sale un ser de pesadilla, que intimida a la señora y que acaba "adoptando" a las niñas en una versión bastante bizarra del "dejad que los niños se acerquen a mí" de la Biblia.




Estamos ante un claro ejemplo de que lo bueno no tiene porque ser bonito. El vídeo es repelente y atractivo (a su modo) a la vez. Esa contradicción, y la perfecta comunión desquiciada de música e imagen hacen de "Come To Daddy" un vídeoclip potente. 



domingo, 7 de julio de 2013

Lana del Rey - "National Anthem" (2012)

Lana del Rey y sus morritos llegaron con su "Born to die" para quedarse a juguetear un poco con la simbología patriótica más norteamericana. Su anterior identidad como Lizzy Grant no le había granjeado demasiado éxito, pero ella persistió en su idea de ser cantante y empezó a aprovechar esos iconos de los años cincuenta - setenta que en Estados Unidos carecían de una reinterpretación glamourosa.

"National Anthem" es quizás el mayor exponente de esa forma de jugar con los símbolos. Quinto single del mencionado album, llegó en un momento en el que la popularidad de Lana iba en aumento, tras los éxitos de "Video games" y "Blue jeans", que tenían a medio mundo ansioso de más. El cine, la televisión y la cultura pop de las décadas referidas son las grandes fuentes en las que Lana sacia su sed musical, y a esto se une su gusto por los videoclips largos como verano sin fútbol. Este video, por ejemplo, dura casi ocho minutos, y posteriormente rodaría "Ride", que supera los diez.

En este caso, para la dirección se optó por Anthony Mandler, de contrastada experiencia en el mundo videoclipero, quien asegura que el concepto pertenece por entero a Lana del Rey. Según dijo, la cantante quería explorar el concepto de la pérdida de la inocencia, que en EEUU se produjo con el asesinato de Kennedy en 1963.

La primera secuencia es un "aquí estoy yo", con la recreación de un momento mítico en la Historia reciente de EEUU: el cariñoso "Happy Birthday" que Marylin Monroe dedicó a John Fitzgerald Kennedy, una declaración de amor ruidosa y soterrada al mismo tiempo. La actriz más deseada, una mujer frágil y compleja, enamorada hasta las trancas del presidente guaperas e innovador, tan hombre débil como político fuerte. El drama americano más explotado por cine y televisión en los últimos cincuenta años. Ahí se planta Lana (con el gusto de no tocarse el peinado para asemejarlo a Marylin) y canta con igual sensualidad (incluido el deliciosamente ingenuo "everybody!!!" del final).


Termina el cumpleaños feliz en el minuto 1:00, y la cámara enfoca a un hombre negro con la gorra hacia atrás, algo poco usual en los 60, pero que te va dando una pista de hacia dónde enfoca Lana su transgresora mirada de la historia estadounidense. El hombre es A$AP Rocky, un rapero de Harlem un poco buscalíos que en este videoclip se hace con el papel de un Kennedy negro.

Poco dura Lana como Marylin, pues pronto transmuta en Jackie Kennedy. Al comienzo que hemos visto siguen planos y gritos que sugieren la tragedia final, pero que pronto se entremezclan con imágenes familiares de una vida idílica, todo ello usando un filtro que evoca la época retratada y las películas familiares tomadas con las primeras cámaras domésticas, algo al alcance de rentas altas en aquellos años.


Lana retrata algo que en los años 60 era verdaderamente insólito: una feliz familia interracial de clase alta (en plena efervescencia de la lucha por los derechos civiles de las minorías y donde muchos Estados prohibían por ley esta clase de bodas), con tres hermosos churumbeles, un matrimonio enamorado, una casa enorme, una posición económica holgada y un futuro por delante. Cuanto más incide en el tono de postal de esa familia, más nos va doliendo la tragedia que sabemos que sucederá al final. Y más recordamos que nunca hay que dar nada por sentado.

Abundan los planos de las manos de Lana del Rey, en mi opinión porque lleva una manicura monísima y un llamativo anillo que le enlaza dos dedos. También es de destacar el super cardado que luce en algunos planos, y que la asemejan a una joven Priscila Presley.


A pesar de la felicidad de esa familia perfecta, hay algo sombrío en la mirada de Lana cada vez que contempla a su amado marido, como si presintiera que toda esa alegría va a quebrarse de la peor manera posible.

En torno al minuto 5:00 da comienzo el macabro paseo que acabará en fatalidad, y que acabará con la vida de este Kennedy de color con el que Lana ha dado una vuelta de tuerca a la Historia de su país. No se explicita el asesinato en ningún momento, pero se nos hace saber lo que ha ocurrido a través del caos, la confusión y el sonido de un solo disparo. El horror sobreviene al rostro de Lana como debió hacerlo aquel 22 de noviembre al de Jackie.


El final de la canción se mezcla con la voz de Lana recitando unas frases, emotivas y devastadoras, sobre el amor que siente por su marido: "Le supliqué que se quedara. Que recordase lo que teníamos al principio".

No es Lana una artista hueca, ni una oportunista aferrada a la moda del vintage y el revival. En "National Anthem" demuestra inteligencia para darle a todos esos símbolos una vuelta inesperada, y provocar una reflexión y un estremecimiento.


viernes, 7 de junio de 2013

Ollie & Jerry: “Electric Boogaloo” (1984) + La historia de la Cannon (y 2)

Como contaba en el post anterior, la Cannon aprovechó el tirón de “Breakin'” y sacó la secuela apenas medio año después. El invento no coló pero dejó algo eterno. Un título… ¡qué digo!, EL TÍTULO. La secuela se llamó “Breakin': Electric Boogaloo”. Ese título resume a la perfección la historia de la Cannon y lo absurdamente geniales que eran.



El vídeo de la secuela nos permite ver a Ollie & Jerry con sus looks descojonantemente ochentenos: uno con tupetazo y vestido como un dependiente del Foot Locker, y el otro como melena trenzada y vestuario a lo Rick James. Los dos se nos aparecen en formato trail effect sobre unos dibujos tercermundistas.

En los clips de la peli vuelve a aparecer mi amiga la bailarina de brazos y Turbo baila en el techo cual Fred Astaire para sorpresa de su novia latina (recomiendo que escuchen su voz en VO, es el descojone total).

Aquí les dejo el videoclip y después el desenlace de la historia de la Cannon.




La caída

Habíamos dejado a nuestros amigos israelíes con el susto de “Fuerza vital” y con su decisión de hacer superproducciones. Que dada la situación era una idea tan audaz como ir de drag queen en el Valle de los Caídos un 20-N.

En 1987 la Cannon puso en marcha cuatro proyectos importantes y que fueron un sonoro fracaso. Al menos tres de ellos, porque el cuarto ni se llegó a rodar.

¿Quién tuvo la culpa de lo que iba a pasar?. La culpa la tuvo Stallone. O eso podrían haber dicho Golan-Globus con tal de escurrir el bulto. La Cannon había co-producido “Cobra”, un éxito mediano de Sly. A Golan su trozo de tarta le pareció pequeño y se propuso rodar un éxito con el potro italiano en exclusiva. Y entonces cayó la primera ficha del dominó.

Stallone no se fiaba nada de los “Go-go Boys” (apodo que les pusieron en el mundillo a Golan-Globus por su peligrosa tendencia a dar luz verde a cualquier proyecto mínimamente viable) y a cambio de firmar con ellos pidió un sueldazo. Golan estaba tan obsesionado que le dijo que sí a Sly en todo y además dirigió personalmente la película para que Stallone viera que el estudio estaba implicado a tope.


Así nació “Yo, el halcón”, que no es otra cosa que un “Rocky” camionero que se dedica a los torneos de pulsos con historia paterno-filial al fondo. Resultado: hostia terrible.



Con la sangre saliendo a borbotones por la herida, la Cannon se la jugaba en los dos (en realidad, tres) grandes proyectos que tenían en marcha. En su sana costumbre de comprar franquicias moribundas, le compraron a los Salkind los derechos de Superman. 

Los Salkind, tras “Superman III” y “Supergirl”, veían que las aventuras kryptonianas no daban más de sí. Pero Golan-Globus son de los que tienen la temeraria e insana manía de abrir las puertas a cabezazos.

Contrataron al reparto original, tampoco les costó mucho dada la famosa vena mercenaria de Gene Hackman, el desorden mental de Margot Kidder y a Christopher Reeve le prometieron financiarle la pasable “El reportero de la calle 42”. En cuanto al director, los dos Richard (Donner y Lester) dijeron: “no puedo, es que he medio quedado”. Y así cayó en manos de Sidney J. Furie.


De todos modos, había un pequeño problema sin importancia, faltaba la pasta para rodarla. Así se explican los lamentables efectos especiales (reconstrucción de Muralla China con rayos láser en todo lo alto) y que el guión original, que contemplaba la lucha de Superman con un clon, se transformara en una pelea casi barriobajera contra un hombre nuclear de rubia melena y porte gayer. Y pudo ser peor. Otro fracaso y todo pendiente del Príncipe de Eternia.


La tercera bala era una peli basada en los juguetes de Mattel “Masters del Universo”. Los Masters tuvieron el mérito de hacerse un hueco en la infancia ochentera pese a ser concebidos inicialmente como merchandising de “Conan, el bárbaro”. Pero Mattel, al ver la violencia de la peli de John Millius, se desmarcaron del asunto, lo suavizaron y convirtieron a Conan en el ambiguo Príncipe Adam/He-Man con su melenita rubia.

La fiebre de los Masters ya había pasado pero como el hombre es un animal de costumbres ahí llegó la Cannon para hacer la película. Tarde y mal, como si fueran la escudería Marussia.


El reparto tenía su aquel: Dolph Lundgren parecía un buen He-Man, Frank Langella era (y es) un actor muy solvente, por el lado femenino estaban Chelsea Field y Meg Foster, además de Christina Pickles y Courteney Cox unos años antes de ser madre e hija en “Friends”. Y también teníamos un gran secundario ochentero como James Tolkan. ¿Qué pasó?.
 
Pues qué la película era pobre en todos los sentidos. Como no había dinero para reproducir Eternia recurrieron al viejo truco de traerlos a la Tierra. Tampoco daba para hacer a Orko, pero como no podían renunciar al alivio cómico se inventaron a un enano peludo llamado Gwildor para hacer de caricato.

De esta serie de fracasos que mataron a la Cannon, “Masters del Universo” es la más soportable pero tampoco recomendable. El fracaso comercial dejaba a la Cannon con un pie en el abismo y con el otro en el borde, pero de puntillas.

Lo curioso es que la confianza en la cinta era tal que tras los créditos Skeletor nos anunciaba que volvería y ya tenían en marcha varios aspectos de la pre-producción de la secuela. Todo ese material caía en el olvido. De momento.

Pero falta una cuarta superproducción, la puñalada invisible, el mayor “What…if” de la historia del cine (olvidaos de Tom Selleck e Indiana Jones). Llegamos al “Spiderman” de Albert Pyun.

La Cannon compró a Marvel los derechos de Capitán América y Spiderman. El primer director iba a ser Joseph Zito (Josecito para los amigos), que quería contar con un stunt, un tal Scott Leva, como Peter Parker; Bob Hoskins iba a ser el villano (luego pasaría a ser el Dr. Octopus en otra re-escritura)  y Lauren Bacall o Katharine Hepburn sonaban como la tía May (gracias a Dios que no). Como si fuera Míchel, también sonó Tom Cruise para el papel de Peter Parker.

Pero la idea de Zito era demencial. Aprovechando el éxito de “La mosca” del Cronenberg, pensó en trasformar a Peter Parker en una tarántula gigante que lucharía contra un científico mutante que quería dominar el mundo. Los gritos de Stan Lee ante tal ocurrencia todavía retumban por toda California.

Para calmar a Lee se habló de Tobe Hooper pero el proyecto acabó en manos de Albert Pyun (que es como pasar del speedball a la escama). El director hawaiano dotado de su peculiar sentido de la épica, tenía en manos una idea más estándar, lo que es de agradecer en un hombre obsesionado con las crucifixiones y los cyborgs que dominan el Kick-boxing.



El proyecto nunca vio la luz. Todo esto no sería grave si no fuera porque la Cannon ya había vendido la película a los distribuidores antes de hacerla. Ese dinero lo querían para tapar los agujeros que había creado su contabilidad creativa (más aun que la de la planta nuclear de Springfield), esperando que el éxito de las tres pelis comentadas antes ayudara a financiar “Spiderman”.

El tiempo pasó, los derechos Marvel caducaron, los distribuidores que pagaron preguntaron “¿y qué hay de lo mío?” y la Cannon tenía menos liquidez que un club de la Segunda B.

Pero ya sólo les quedaba soltar lastre con el nombre de “El guerrero americano III”, “Alien from L.A.” o “Desparecido en combate III”. Con el fracaso y los acreedores aporreando su puerta, todavía les dio tiempo para lanzar una película de culto entre los fans del cine chungo y a otra nueva estrella del cine de acción.

Como las películas de bárbaros estaban en decadencia, dieron luz verde, como no, a una obra a mayor gloria de los hermanos Paul que eran dos gemelos con la masa muscular inversamente proporcional a su cerebro y dotados de unos mullets estratosféricos. Así nació “Los bárbaros” (a la que toda una generación rebautizamos como “Los hermanos bárbaros”).

¿Por qué es de culto?. Para mí lo es por la escena en la que uno de los Paul rompe una cuerda con la fuerza de su cuello, porque Richard Lynch es el villano y porque me gusta pensar qué se les pasó por la cabeza a Golan-Globus para contratar como director a Ruggero Deodato, el de “Holocausto caníbal”. Definitivamente tengo mucho tiempo libre.

Un buen día un joven belga dio con Golan y sin mediar palabra levantó su pierna hasta ponerle la suela del zapato a medio centímetro de la cara (espero que antes no pisara una mierda). Hay diversas teorías sobre dónde fue tal acontecimiento, unos lo sitúan en la calle, otros en el despacho de Golan y otros en un restaurante. Da igual porque esa duda es el material con que se forjan las leyendas. El caso es que Golan quedó impresionado y así surgió “Contacto sangriento”, el primer papel protagónico de Jean Claude Van Damme. Como ven, el nivel de exigencia de Golan es el mismo que el de un ligue a las 4 de la mañana.

La unión Van Damme-Cannon tuvo continuidad de la mano de Albert Pyun. ¿Se acuerdan del material no utilizado de “Masters 2”?. Pues Pyun lo cogió, lo recicló y lo transformó en “Cyborg”, y encima ahora viene Guti a concienciarnos sobre el reciclaje, hay que joderse.

Sin saberlo Pyun, Van Damme y cía estaban haciendo historia porque “Cyborg” fue la última película de la Cannon en la era Golan-Globus. La peli costó 500.000$ y recaudó 10 millones. 

Eso era pan para hoy y hambre para mañana. En ese momento, el distanciamiento entre los primos era tan grande, o más, que el agujero económico del estudio. Como suele pasar en estos casos, el uno acusó el otro de la mala gestión y, como suele pasar en estos casos, ambos eran responsables al 50-50 más o menos. El estudio acabó bajo investigación estatal ante tanto trapiche.

Globus se quedó con la Cannon y se buscó unos socios europeos y Golan montó la 21st Century Films. Todo había acabado.

La propina

Globus decidió relanzar la Cannon haciendo un film sobre el baile de modo, al estilo “Breakin'”. Sólo que la moda ahora era peor, llega la lambada. Registró la palabra “Lambada” y tiró p’alante, nacía “Lambada, fuego en el cuerpo”

Golan, por tocar los huevos, compró los derechos de la canción porque “la canción representa el verdadero espíritu de la lambada, más que la propia palabra”, Golan dixit. Golan, olfato comercial poco pero a tocahuevos no tenía rival. Y así parió “El baile prohibido”.

Se inició una carrera absurda para ver quien estrenaba antes. Más absurdo fue el final porque ambas se estrenaron el mismo día con resultados penosos.

Las dos películas son evitables si se quiere gozar de buena salud mental. Pero como yo no se qué es eso, me tragué las dos en su momento y si tengo que recomendar una, forzado bajo amenaza, ésa es “El baile prohibido”. El guión es un “WTF?” de principio a fin, y ver a Ricahrd Lynch bailando lambada no tiene precio.

Golan haría un último servicio a sus seguidores, trataría de resolver la eterna duda del “Spiderman” de Albert Pyun dándole a éste la oportunidad de dirigir “Capitán América”. El bodrio nos sirve para hacernos una idea de cómo hubiera sido “El Hombre Araña según Pyun” pero no nos llena. Se agradece el esfuerzo, Menahem.

Los primos finalmente harían las paces. Es la mejor forma de acabar la historia de unos tipos que amaban el cine, pero que no tenían talento para producirlo. Pero con acierto o sin acierto, hicieron cine y a mí, personalmente, me han dado horas de entretenimiento y risas.

Eternamente agradecido.

lunes, 3 de junio de 2013

Ollie & Jerry: “Breakin’… There’s No Stopping Us” (1984) + La historia de la Cannon (1)

Este va a ser un post diferente porque voy a hablar de cine. Me tomo esta licencia porque llevaba tiempo con ganas de contar esta historia, la historia de la Cannon.


Muchas cosas son inequívocamente ochenteras pero pocas como el breakdance, ese baile que se extendió con la misma rapidez que un meme pero sin Internet de por medio, lo que fue meritorio y aterrador a partes iguales. La moda provocó muchos daños estéticos, psíquicos y físicos, yo conocí a más de uno que estuvo a unos milímetros (en sentido literal) de acabar en silla de ruedas al intentar hacer el trompo, y es que en esa época se imitaba todo lo que salía por la tele.

Yo del breakdance me quedo con la película “Breakin'” que narraba la lucha de Special K, Ozono y Turbo por hacerse un hueco en el mundo a golpe de break. La peli tiene casi de todo: coreografías absurdas, un trío de breakers rivales (no os perdáis a su miembro femenino, que sólo sabe agitar los brazos como Pepe en los córners), Van Damme como extra, un secundario gay, Ice-T y product placement de una famosa marca deportiva. Sólo le falta una subtrama romántica, ausencia que agradezco. 

Aunque vista hoy la película da cosa, fue el mayor triunfo de su estudio. Costó poco más de 1 millón de dólares y recaudó 38 millones en EEUU, lo mismo que “Terminator”. Y acabó en el “top 20” del año en la taquilla americana. Si este dato es bueno o malo lo dejo a su criterio.

Lo mejor es que generó una rápida secuela que posee EL MEJOR TÍTULO DE LA  HISTORIA DEL CINE. Y es que los dos primos israelíes que produjeron “Breakin'” tuvieron olfato comercial, como veréis fue un oasis en un desierto de despropósitos.

Aquí os dejo con el vídeo y con la historia de la Cannon.



Prólogo

La Cannon no figurará nunca en los libros de Historia del Cine, de hecho se le suele poner como ejemplo de lo peor, es el Mourinho del 7º arte.


Y eso es lo que mola, porque esta es la historia de dos primos israelíes que un día dejaron su país y se fueron a Jólibu para emprender su particular sueño americano en forma de estudio de cine. Llenaron las carteleras y los videoclubes con porquería de todo tipo (desde las disfrutables hasta las que te pueden matar de vergüenza ajena), y acabaron debiendo pasta a todo el mundo y con los dos primos enfrentados y puteándose sus pelis sobre la lambada. En resumen, que esto también es Historia del Cine, y merece ser contada.

Los inicios

Menahem Golan y Yoram Globus llevaban produciendo películas en su país desde los 60. La primera vez que asomaron el hocico por EEUU fue con sus dos nominaciones a los Globos de Oro con su musical “Kazablan” (1974), una especie de “Romeo y Julieta” protagonizado por Yehoram Gaon, el Manolo Escobar hebreo, algo talludo para el papel. Tres años después, Golam sería nominado al Oscar de Mejor Película de Habla No Inglesa por “Operación Relámpago”, un cinta de acción basada en el secuestro real de un avión con Yehoram Gaon again, el inquietante Klaus Kinski y la musa del erotismo al estilo “bésame o te machaco” Sybil Danning. Pero el pelotazo en taquilla les llegó en 1978 con la primera entrega de la saga “Polo de limón”, historia de shavalines salidorros y claro antecedente de “Porky’s” y “American Pie”.

En 1979, Golan-Globus llegaron a EEUU y haciendo suya la frase “todo es posible en América” (que ha inspirado desde a los del Mayflower hasta Willy Fog) compraron por 500.000$ una pequeña distribuidora, Cannon. Y como si de San Pedro se trataran sobre esa piedra construyeron su templo del cine chungo.

La primera declaración de intenciones (y de hechos) de la Cannon fue “The Apple” (1980), una metáfora del Antiguo Testamento envuelto en un musical hortera, futurista y ambigua sexualmente (por ser amable) y que mezcla baladas moñas, música disco y temas intensos y trepidantes a lo Jim Steinman. Si habéis pinchado el enlace y queréis seguir leyendo esto, os admiro y os lo agradezco.

Golan-Globus descubrieron que lo quería la gente de los 80 era acción, y butacas con reposabrazos, pero sobre todo acción (confío en que Matt Groening no va a leer esto). Pues se pusieron a ello y parieron “La justicia del Ninja” y dijeron: “¿quién mejor para hacer de Ninja que Franco Nero?”. Es una idea que mola de lo absurda que es porque, pensar en un actor de spaghetti-westerns y que venía de protagonizar una explotation italiana de “Tiburón” para hacer de Ninja, es de esas cosas que hicieron grande a la Cannon.

La saga “Ninja” fue curiosa porque para la segunda parte el villano de la primera, Sho Kosugi, pasó a ser el héroe con otro nombre. Y en la tercera Kosugi aparecía la última media hora para derrotar al espíritu de un ninja malvado que había poseído a una chica. El film mezcla elementos de “El exorcista” con momentazos como cuando a la chica casi se la traga su armario, ¿les suena?. Queda claro que en la Cannon sentían un total desprecio por la continuidad, como en DC cómics, y por las ideas de los demás, así hizo carrera Bruno Mattei.



El siguiente paso de la Cannon fue unirse al que sería uno de los pilares de la compañía, Charles Bronson. Coprodujeron la segunda aventura del arquitecto justiciero Paul Kersey (“Yo soy la justicia”). Los propietarios de los derechos no le veían más futuro a las aventuras de Kersey, pero en la Cannon sí. Esta manía de comprar derechos de sagas moribundas sería una conntante en su historia. El futuro de la saga pasó por darle el “toque Cannon”. Esto no era otra cosa que aumentar el nivel de facherío y violencia a niveles risibles. A partir de ahora Bronson limpiaría las calles a bazokazo limpio si hacía falta (“El justiciero de la noche”), porque toda peli de acción mejora con un bazooka. A mí me gustaría usarlo en un concierto de Juan Magán.

En esta primera etapa se dedicaron a picar de allí y allá, sacando comedietas como “El último americano virgen”, pelis insulsas de aventuras (“La dama perversa”) y distribuyendo basuras “top” como “El tesoro de las cuatro coronas”, aventuras italianas a lo Indiana Jones en 3D y con Ana Obregón (combo motal); “El desafío de Hércules” o cómo Luigi Cozzi (sí, el de "Star Crash") convirtió al mítico héroe griego en una explotation de “Conan” para mayor gloria de Lou Ferrigno y Sibyl Danning; y la multiganadora de los Razzies “Bolero”, con John Derek mostrándonos lo buena que estaba su señora Bo y acompañada de Ana Obregón.

A estas alturas ya ha quedado claro que Golam-Globus tenían mal gusto, peor criterio y aun peor olfato comercial.

El auge

1984 fue el año del despegue. Y eso que la cosa no empezó bien pues produjeron “El caballero verde”. En otro alarde de visión comercial, adaptaron esta aburrida historia artúrica y llenaron el reparto con viejas glorias como Trevor Howard y Peter Cushing y le sumaron un Sean Connery en horas más bajas que la audiencia de un programa de Pilar Rubio. Para hacer del prota, Sir Gawain, el director quería a Mark Hamill y la Cannon, como si fueran los Charlotte Bobcats, ficharon a… Ator. Sí, Miles O’Keeffe. Eso es llamar al público a la sala y no lo que hacen los directores españoles, que a la que pueden juntan a Hugo Silva y Mario Casas.

Después de una rinoplastia conjunta o algo, Golan-Globus dieron con la tecla lanzando la ya nombrada “Breakin'”. Pero el gran acontecimiento del "año Cannon" fue la unión con un actor marcial, de barba cerrada, rostro inexpresivo y con una ideología que convierte a Intereconomía en un canal de perroflautas.

La Cannon decidió que la guerra del Vietnam no había acabado y para acabarla mandaron allí a Chuck Norris. Rodaron dos pelis seguidas y, en un regate que ni el de Romario a Alkorta, Golan-Globus decidieron estrenar primero la secuela, “Desparecido en combate”, con Chuck rescatando prisioneros yankis en Vietnam y anticipándose a Rambo (la creencia popular cree que fue al revés); y luego estrenaron “Desaparecido en combate 2” que narraba las experiencias como prisionero de Chuck y su huida.

Como los resultados en taquilla fueron buenos, la unión Cannon-Chuck siguió dejando joyas como “Delta Force”, un remake encubierto y pasado de rosca de “Operación Relámpago” y la peli que más veces ha visto en su vida el que escribe; “Invasión USA” con Chuck frenando una invasión de terroristas comunistas liderados por el gran Richard Lynch (qepd); o “El templo del oro”, una de aventuras con Chuck haciendo de Indy porque matar comunistas, palestinos y vietnamitas también cansa. 

En esos años de esplendor, la Cannon reveló un plan maligno que amenazaba con cambiar el destino la humanidad, ganar el Festival de Cannes. Tal declaración era tan consecuente como que en “Mujeres, hombres y viceversa” recomienden leer, o que Bárcenas sea el próximo presidente del FMI (esto último no lo descarto del todo).

Espoleados por los alemanes, que en 1984 le dieron el Oso de Oro a “Corrientes de amor”, la cinta que la produjeron al Cassavettes, ese mismo año presentaron “Los amantes de María” de Andrei Konchalovsky a Venecia y obtuvieron buenas críticas.

En ese infructuoso asalto a la Palma de Oro usaron “El tren del infierno”, la mejor película del estudio y con la que obtuvieron tres nominaciones al Oscar y un Globo de Oro para Jon Voight. Detrás de la cámara estaba otra vez Konchalovsky, el ruso aportó a la Cannon sus dos mejores obras. No está mal viniendo de un tipo que luego dirigiría “Tango & Cash”.

En Cannes lanzaron “Locos de Amor” de Robert Altman; “Otello” de Zefirelli, que era una ópera filmada con Plácido Domingo; y “Vidas distantes” otra vez con Konchalovsky y un resultado bastante digno.

En medio de esa vorágine festivalera a nuestros primos favoritos se les acercó uno de los mayores vividores de la historia del cine, Jean Luc Goddard. Como buen vendemotos que es, consiguió un contrato para filmar una versión de “El Rey Lear”. Al igual que con Messi dicho contrato se firmó en una servilleta, pero el resultado fue totalmente contrario. Goddard se pasó la obra de Shakespeare por la huevada y contó un rollo futurista post-Chenobyl que no servía ni para presentarla a Cannes.



No todo fue fracasar, el momento álgido de la Cannon se produjo en 1986, cuando la cinta holandesa “El asalto”, que ellos distribuían, se llevó el Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa. Fue un triunfo menor e indirecto, pero algo es algo.


Pero volvamos a la esencia de la Cannon. Era el turno de explotar el filón de Indiana Jones y dieron luz verde a hacer una nueva adaptación (por decir algo) de “Las minas del Rey Salomón”. Allan Quatermain volvía con el rostro de Richard Chamberlain y con la compañía de una Sharon Stone pre-cruce de piernas.

El director fue J. Lee Thompson, en su día nominado al Oscar por “Los cañones de Navarone” y que, tras su participación en la saga simiesca, se dedicó en los 80 a pegarse cual garrapata a Charles Bronson para asegurar su puente a la jubilación. Otros han hecho cosas peores con el mismo fin, mirad a Mercedes Milá.

En otra muestra de innovación, la cinta anterior y su secuela, “Allan Quatermain y la ciudad perdida del oro”, fueron rodadas seguidas pero con dos directores diferentes. La secuela la hizo Gary Nelson, el hombre que metió a la Disney en el abismo negro con el ídem.


Y ahí seguían, sacando cosas como la secuela de “La matanza de Texas” e impulsaron la carrera, corta, de otro action hero de rastrillo, Michael Dudikoff  con “El guerrero americano”, siendo eclipsado por el carisma de su compañero Steve James (qepd).

En su afán de diversificar, la Cannon se lanzó a producir películas infantiles. Si luchar por la Palma de Oro era raro, este giro era un doble mortal hacia atrás y con tirabuzón. Con el nombre de "Cannon Movie Tales" sacaron “Rumpelstiltskin”, “Blancanieves”, “La bella y la bestia” y así hasta nueve entregas de la dieciséis previstas, no es difícil deducir que la aventura infantil fue un fracaso.


En 1986 compraron los derechos de la novela “Vampiros del Espacio” y la transformaron en “Fuerza Vital” con Tobe Hopper al mando. Publicitada a bombo y platillo fue un fracaso considerable a pesar de tener a Mathilda May todo el metraje en bolas. Debieron tomar nota de ello y relajarse, pero no. Como el ser humano es así, decidieron embarcarse en superproducciones, primer clavo en el ataúd.

Hasta aquí la primera entrega. En la entrega final tendremos a Stallone, juguetes extraterrestres, superhéroes de Marvel, a Stan Lee cabreado, a Van Damme y un señor de Hawai (juntos y por separado), actividades delictivas y un poco de lambada para alegrar el cuerpo.




lunes, 27 de mayo de 2013

Rick Astley - "Whenever you need somebody" (1988)

El videoclip de "Whenever you need somebody" es la traslación audiovisual del viejo refrán "una cosa es predicar y otra dar trigo", ya que, como veremos, la letra y el video están en flagrante contradicción. Agradecemos desde aquí a Miguel, fiel lector de esta Casa, que nos pusiera en la pista de esta pieza, rodada en Gran Canaria, con lo que por segunda vez Mil y un videos tiene un ataque de terruño, tras el "Winds of chance" que Su Alteza Serenísima Estefanía de Mónaco perpetró en Tenerife.

El pizpireto pelirrojo inglés Rick Astley triunfó en la segunda mitad de los años 80 de la mano del trío de productores Stock, Aitken y Waterman, a los que Rayco, la otra mitad de este blog, ya definió con insuperable maestría en la entrada dedicada a "Specially for you" de Jason Donovan y Kylie Minogue. Recordemos sus acertadas y cariñosas palabras:

"Stock-Aitken-Waterman (SAW) son un trío de productores y compositores británicos que, en la segunda mitad de los 80, nos bombardearon con metralla a base de un pop mierdoso y prefabricado que gozó de gran predicamento en toda Europa. En nuestro país recibieron el apoyo de una célula terrorista formada por el trío 40 Principales, Rockopop y la Superpop".

Como verán, ni sobra ni falta una coma.

Como no es fácil dar con información sobre quién es el responsable de este videoclip, vamos derechos a su disección, que es lo que interesa. Reseñemos simplemente que SAW ya había producido esta canción anteriormente para una cantante llamada O'Chi Brown, pero sin el menor pudor la reciclaron apenas un año después para que la cantara Astley, a la vista de su más que previsible mayor tirón. Imagínense la cara de O'Chi al enterarse, como si la pobre no tuviera suficiente con llamarse así.

Rick Astley está cantando en su estudio de grabación (del que no sale) y una muchacha, a la que suponemos sentimentalmente ligada a él, engrosa las estadísticas de turistas británicos que visitan Canarias eligiendo la capital de Gran Canaria y la playa de Las Canteras para pasar unos días de relax.


Atentos porque los pies de Rick Astley no se alejarán más de treinta centímetros a izquierda o derecha del pie de micrófono, un perfeccionamiento del ochentero "baile de la baldosa", acompañado por un movimiento de manos que hace que nos preguntemos quién le quitó las maracas.


Y hela a ella aquí en Las Canteras, la gran playa de la capital grancanaria, en el año 1988. Lo que se ve al fondo está ahora un poquito cambiado (ejem).

Las incongruencias ya empiezan en el momento en el que ella se desviste en la playa. Para empezar, ¿qué es ese plano gratuito del trasero en el 0:33?



La muchacha está en buena forma, eso no lo vamos a discutir, pero según avanza el video me descoloca que se quite el blusón en la playa, dejando los pechos a la vista de todo el mundo, para luego colocarse el sujetador del bikini (0:40). ¿Qué te costaba ponértelo antes de salir? ¿A qué te lo pones ahora si ya te ha visto las domingas todo dios?



En el 0:51 hace su aparición una tele que veremos en los lugares más inopinados, retransmitiendo en directo la interpretación de Rick Astley, al que se ve que le daba pereza estar yendo hasta Canarias para rodar un video. Esta vez sobre unas rocas, la primera tele a pilas (¿dónde enchufas eso?) de la historia de los videoclips nos muestra a Rick cantando que, en el momento en el que necesitemos a alguien, él nos traerá su amor.

El video contiene otro de mis más queridos topicazos de los años 80: si estás en un playa, o en una piscina, te tropezarás y te caerás. Eso es así. Es la ley que le faltó enunciar a Newton.


Playa / piscina + tropezón y caída = indisolubles como un matrimonio del Opus


Es de destacar que el peso de las pulseras y los pendientes no la haya arrastrado hasta el fondo del mar, aunque si así hubiera sido seguramente Sandokán habría estado al quite (broma exclusiva para canarios)

Cuando esta joven se cansa de Las Canteras, se vuelve al hotel "Reina Isabel" en cuyas piscinas se solaza, risueña y radiante, a pesar de que su empeño en ver a Rick Astley a través de la televisión pone en peligro a los potenciales usuarios, al situar un aparato eléctrico al borde de una piscina. Muy mal por los responsables de seguridad del hotel, muy mal por ella y muy mal por Rick Astley también.


Esto es un peligro. Y esa tele ahí puesta, también.

Mención especial para las coristas de Rick Astley y su plano de gloria en el 2:03, un breve segundo que condensa casi todo lo que en estética daba de sí ese loco año de 1988: pantalón sobaquero, chaqueta corta de piel, chaqueta "oversize" con hombros de torero...

Mientras está en la playa o en la piscina, a la protagonista se la ve bien, contenta, relajada, como tiene que estar alguien de vacaciones. Pero es llegar al 2:30 y empezar a ponerse mohina, porque baja al bar y se da cuenta de que no tiene con quién echarse unas copichuelas o un vaso de agua Firgas (con botella presente en un involuntario product placement). Y ante esa triste perspectiva, ¿qué decisión toma esta muchacha?



En efecto: hacer la maleta y marcharse de Gran Canaria. Así que, para entendernos, Rick Astley lleva dos interminables minutos y pico cantando que cuando necesitemos a alguien, él vendrá con su amor, ¡y es ella la que tiene que ir a buscarle! ¡Ella es quien tiene que abandonar sus vacaciones para ir a buscar al moñas éste que sólo sabe mover los pies de izquierda a derecha! Rick, esto no me lo esperaba de ti.

Y encima se va en un Concorde, con lo caro que salía el billete. Pero la joven tiene tanta prisa por verle que no le importa pagar un sobrecoste con tal de volar más rápido. 

Rick Astley, aquí no te has portado como un caballero, siento decírtelo así. No se puede ir por la vida con la incoherencia por bandera. Más te vale haber compensado a la rubia como es debido.




viernes, 17 de mayo de 2013

Sophie Ellis-Bextor "Murder on the Dancefloor" (2001)

Los lectores habituales de este blog (ante todo, gracias) posiblemente se han percatado de la fijación que yo, la mitad masculina de "1000yunvideos", tengo con los nombres rimbombantes (también me gusta la palabra "rimbombante"). 

Pues hoy voy a hablar de la cantante inglesa con nombre de aristócrata, Sophie Ellis-Bextor. Musicalmente no me apasiona, aunque las hay peores, así que mi atracción por ella es meramente física. Esos ojos verdes aderezados con una mirada un tanto fría, y esa piel pálida y perfecta de muñeca de porcelana (frase acuñada por la mitad femenina del blog) hacen que me imagine a Sophie como una perfecta espía de Europa del Este que intenta matar y/o se acuesta con 007.




Tras una breve experiencia como vocalista del grupo "The Audience", en 2001 publicó su primer álbum, "Read My Lips". Este "Murder on the Dancefloor" fue el segundo single del mismo.





El vídeo está dirigido por Sophie Muller, una de las grandes del mundo del videoclip y de la que ya hemos comentado alguna obra suya aquí, y está centrado en un concurso de baile por eliminación al estilo de "Danzad, danzad, malditos" (1969) pero con menos dramatismo, claro.

El primer plano es el objeto de deseo de Sophie Ellis-Bextor, unos brillantes zapatos dorados. Sophie participa formando pareja con un tipo que tiene la misma capacidad para bailar que ella, o sea, ninguna. Algo que es un pequeño contratiempo para ganar el concurso.

Ante tal situación, Sophie decide recurrir a todo tipo de artimañas para eliminar y vencer a sus rivales. Como si fuese una mezcla de Mourinho y Pepe en los clásicos, Sophie maneja el juego sucio en todas sus variantes.

Zancadillea, desnuda, intoxica el refresco de los tres paquistaníes que poco antes habían dado una exhibición coreográfica (por cierto, a uno de ellos lo habían eliminado anteriormente), tira una pastilla de mantequilla al suelo y provoca malentendidos amorosos en otra pareja. Al menos no se dedicó a patear a rivales caídos o pisar manos. Claro que el concurso de baile no fue en el Bernabéu.

Y ahora, unas cuantas fotos de Sophie:


Poniendo cara de asco y desprecio

Con sonrisa hijoputesca

En plan sexy, intensa y mirando de reojo

Pasándoselo bien

A estas alturas tengo claro que Sophie me pone enfermito (que diría Flanders) ponga la carita (modo Flanders still "on") que ponga.

Cada vez queda menos gente en pie, y tras dormir con cloroformo a una miembra (Bibiana Aído siempre en nuestro recuerdo) del jurado, decide hacer lo que tenía que haber hecho desde el principio, seducir al presidente del jurado.

¿Se saldrá Sophie con la suya?,
yo y mi afición por las preguntas tontas

Sophie sale victoriosa y recibe una diadema, un fajo de billetes y los zapatos dorados (que es lo que le hace ilusión). Su compañero sólo una ramo de flores (y mucho me parece). Y Sophie celebra su triunfo poniendo caritas sonrientes.

No hay mejor forma de acabar un vídeo



lunes, 6 de mayo de 2013

R.E.M. - "Losing my religion" (1991)

En el libreto de su recopilatorio "In Time", R.E.M. reconocía que su historia como banda se dividía en dos partes bien diferenciadas, marcadas por el abrumador éxito de "Losing my religion". El pepinazo que dio R.E.M. con esta canción fue de los que hacen historia, siendo una de los temas más radiados del año, y convirtiéndose en un hit que ha perdurado sin estropearse. No se trata de un clásico noventero que caducara con la década, ni mucho menos.

El video para esta canción (nacida a partir del afán del guitarrista Peter Buck por tocar la mandolina) fue dirigido por Tarsem Singh, un director indio que empezó su carrera con videoclips, pero que después se lanzó al cine, debutando con "The Cell", en 2001, una película protagonizada por Jennifer Lopez, en la que el gusto del hindú por las imágenes retorcidas e inquietantes se desbocaba sin cortapisas.

La mano del director se deja sentir en el video de "Losing my religion" mucho más que la mano de la propia banda. El clip es una sucesión de imágenes evocadoras pero sin un sentido articulado a partir de sí mismas. Quizás refleje así la propia letra de la canción, cuyo verdadero significado sigue siendo un pequeño misterio. El cantante Michael Stipe ha explicado en alguna ocasión que es una canción sobre amor no correspondido, pero ciertamente la letra es tan ambigua que puede aplicarse a contextos más diversos.

La atmósfera es muy irreal, como de ensoñación. Los integrantes de R.E.M. (los cuatro vestidos en tonos blancos y negros) se mueven por una habitación casi desnuda, de forma muy discreta los músicos y mucho más melodramática el propio Stipe, que termina agitando los brazos un poco locamente como si no supiera qué hacer con ellos sin un micrófono en las manos (in crescendo, desde el 1:56 en adelante).

Los chicos aquí sentados...

...y Michael casi todo el rato de pie (de hecho, en el 1:20 hace amago de levantarse de la silla pero no llega a hacerlo, para sorpresa del cámara)

El video mezcla sin aparente criterio imaginería religiosa católica e hindú con imágenes que recuerdan a la iconografía soviética de fábricas y obreros, y a estampas claramente inspiradas en la pintura de Caravaggio y su uso de las luces y las sombras.




De hecho, si hay algo parecido a una línea argumental dentro del videoclip es la caída de un viejo ángel, mal custodiado por un ángel negro, desde un cielo paradisiaco a un interior ambientado en el siglo XVII. Allí, los lugareños le tratan con una mezcla de temor, respeto y burla (sólo a Tarsem Singh se le ocurre un ángel con peluquín), e incluso uno de ellos, como Tomás el Apóstol, hurga en la herida del ángel, ante su sorpresa, para cerciorarse de que es real.


"Losing my religion" (expresión hecha para "perder la paciencia" o "perder la compostura" en el sur de Estados Unidos) sigue siendo un video peculiar y cautivador, maravilloso, para una canción que emociona igual cada vez que la escuchas. Te obliga a escuchar y atender, porque sientes que la letra y las imágenes, más de veinte años después, aún necesitan ser desentrañadas.